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Puerta del Rincón

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Aquí tienes en imágenes las dos caras de una misma realidad: una vista  interior, desde el huerto del convento de los Padres Capuchinos, – más pausada, desconocida y a salvo del mundanal ruido –  y la otra  a pie de calle, que se presenta en forma de desahogada plazoleta en la intersección entre las calles Alfaros –antes Carnicerías – e Isabel Losa.

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El nombre de esta puerta, mejor dicho lo que queda de ella, – ya que fue derribada en 1852 dado su estado ruinoso- , habla por si mismo. Se llamó así desde epoca cristiana, desde la Reconquista de la ciudad (1236) por hacer esquina entre el lienzo norte de la Medina que venía de la Puerta Osario y el oeste de la Ajerquía que iba hacia la Torre de la Malmuerta. La muralla en este punto tenía que salvar el fuerte desnivel topográfico entre Medina y la Ajerquia lo que se aprecia en la pendiente hacia plaza de Colón. Comprobamos que su carácter esquinado se cumple “doblemente”: primero,  desde época romana porque en este punto “giraba” la muralla hacia el sur dirección al río y siglos después, en época islámica porque aquí se conectaba  con la ampliación urbana que se amurallará en esa época de la Ajerquía (Sírvete de los planos para visualizarlo mejor).

Conocemos algunas curiosidades y noticias históricas del lugar que nos recrean lo que aquí había o ha pasado: por eso sabemos que muy cerca se  situaron dos ermitas, una de ellas ahí donde está el cine –excine por desgracia – Isabel la Católica cerrado desde hace años sine die, (ya no tenemos cines en el centro, hay que coger coche e ir a los centros de ocio, salvo la HONROSA EXCEPCIÓN de la Filmoteca- en el corazón de la Judería), así como una Balanza, también que cuando el arco estaba en pie lucía pintadas las armas de Córdoba o un episodio ocurrido aquí el 5 de Septiembre de 1812… Te invitamos a que descubras lo que dice de este enclave Ramírez de Arellano en sus ya míticos Paseos por Córdoba.

Te surgirán un aluvión de preguntas que confiamos en ir despejando en sucesivos paseos “con buen pie”: ¿Por qué las ciudades “antiguas” estaban amuralladas, ¿qué funciones desempeñaban (para qué servían)?, ¿por donde discurría la cordobesa?… cómo se va definiendo y construyendo por etapas ¿por qué en un momento determinado comienzan a desmantelarse (no solo en Córdoba, en absoluto) ¿Qué ha resistido y donde está?…

De momento, desde este contundente testimonio te invitamos a que valores que Córdoba ha sido una ciudad amurallada desde su fundación en época romana hace mas de 2100 años y hasta hace menos de 150 años; que con los casi 9 kms. de perímetro que llegó a tener  ha pasado por varias fases en su larga vida y lo componían un sofisticado universo de puertas, portillos, torreones…; que fue siempre una preocupación y objetivo prioritario de los sucesivos Concejos (los ayuntamientos de la época) que estuviera en buenas condiciones y que ese legado sigue vivo y presente indirectamente en la toponimia – «puerta de Baeza», “del Colodro”, “de Gallegos”, “de la Pescadería”, calle Adarve… etc –  y directa y materialmente en tramos conservados en alzado  – con más o menos fortuna – y otros soterrados e integrados en portales, en cocheras (muy cerca de aquí ya hay interesantes aunque ocultos ejemplos). ¡La casuística es variada!

Además el callejero actual está profundamente marcado por la herencia del trazado de las murallas, porque lo ha «fosilizado»: en sus líneas generales las modernas avenidas rectilíneas que circundan el casco histórico (ronda de los tejares, avenida de las Ollerías, de la Victoria, ronda del marrubial, de la Ribera…) lo delatan.

Estamos ante un torreón angular de sillería, adosado al lienzo de la muralla nororiental de la Villa,  que como compruebas, tiene dos cuerpos diferenciados y 2 fases constructivas asociadas a cada uno de ellos: la base que se remontará a época romana, (que ya presuponemos que pasaba por este punto la muralla sin apenas alteración a lo largo de los siglos) y un cuerpo superior que se le adosa a partir de la altura del adarve, con forma octogonal que se fecha en el siglo XV, de estilo mudéjar. Así que  en lo que tenemos delante es “cristiana” con un claro precedente romano. Y hasta ahí lo que de momento podemos afirmar….

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Echamos en falta un panel informativo in situ que partiendo de un “está usted aquí” nos aclare conceptos de manera didáctica e ilustrada y nos de las claves para entender la importancia de este enclave yendo de lo general – es decir partiendo de situar este «trocito» estelar en el  mapa panorámico de las murallas de Córdoba – a lo particular,  es decir, diferenciando con  colores las distintas «puertas del Rincón» que ha habido (la romana, la cristiana,  ¿qué hay de la puerta musulmana como etapa intermedia entre las dos?)- identificando los elementos que se ven y «añadiéndole» los que se han perdido, echando mano de la  tecnología 3D  para reconstruir su imagen y acercándonos la valiosa información que brindan las fuentes combinadamente:  los resultados de las intervenciones arqueológicas, descripciones de viajeros y crónicas de época,  grabados románticos, etc, recurriendo, por supuesto, para estas evocaciones nostálgicas a nuestro tan socorrido Ramírez de Arellano en sus Paseos por Córdoba a las que hicimos referencia más arriba, como a otros autores de referencia.

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Más que necesaria esta sencilla inversión para hacer justicia a este rinconcito tan impactante que ¡tiene mérito!, ha logrado salir airoso de tantos vicisitudes que le han amenazado.

Planos Históricos de las Murallas

SUPERPOSICIÓN EN CALLEJERO ACTUAL DEL TRAZADO DE LA MURALLA DE LA CÓRDOBA ROMANA IMPERIAL S. I D.C. (COINCIDENTE CON LA MEDINA ISLÁMICA Y DESPUÉS LA VILLA CRISTIANA)

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Galería de Imágenes Puerta del Rincón y La Regadera

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A pie de torre, no te pasará desapercibida “LA REGADERA”, la escultura más fotografiada y retwitteada de Córdoba. Se inauguró a finales de Abril de 2014, justo para dar la bienvenida al mayo festivo y desde entonces es todo un exitoso reclamo entre turistas y paseantes. Así que ya sabes!

– La protagonista es una gran mujer en bronce, de 1,90 metros, que con su cubo de agua cerca riega sus macetas con una caña y una lata.  Concentrada en la tarea pero desenvuelta y con elegante naturalidad – en ese fondo encalado y azul intenso tan propio- hace fácil un trabajo que requiere técnica, echarle tiento, paciencia y mucho cariño.

– El autor es el genial JOSÉ MANUEL BELMONTE (Córdoba, 1964), el escultor cordobés vivo más premiado, – son incontables sus exposiciones y participaciones en citas nacionales en sus 3 décadas de trabajo – , con más encargos, con mayor proyección internacional, ya que su obra está repartida por varios continentes y ¡con mayor número de obras en las calles de Córdoba!: por ejemplo, en la calle Martín de Roa en el barrio de san Basilio, también frente a la Diputación junto a los jardines de Colón, o en la esquina Lope de Hoces con la avenida de la Victoria….

Ve a encontrarte con ellas! descubre quienes son.

– En su exigencia por darle hondura psicológica y captar detalles del natural, ha tenido dos amigas como musas modelos, la entonces estudiante de bachillerato María Chacón – hija de la ilustradora y pintora cordobesa Dori Serrano, que le inspiró el óvalo del rostro, cuello y forma de los hombros – y la escritora Matilde Cabello, autora entre otros muchos trabajos de Wallada, la última luna o el pozo del manzano, que  “aportó” sus manos y pies.

Pero en realidad podría llamarse Fuensanta, Inés, Rafaela… como cada mujer encargada de cuidar esta tradición porque es un merecido homenaje a todas ellas.

– La inició desde el principio a tamaño que vemos aquí. Partiendo de  una estructura metálica Belmonte modela toda la obra con un material blando y – tras la fundición final realizada en Madrid -, por último, procede como el cirujano plástico que le gusta definirse y, con la sola presión de las manos, va con cuidado minucioso puliendo los detalles finales – esos ya si realizados primero sobre un maniquí -: el bordado de la falda, los pliegues del tejido, el recogido del pelo, la flor sobre el moño¿Qué flor es, la reconoces?

– Observa además que en su vestimenta intemporal ha querido demostrar su  afecto por nuestra artesanía, un sector económico que ha sido históricamente tan rico y próspero en nuestra ciudad como reflejan numerosos nombres de calles de nuestro casco histórico, algunas renombradas pero que el azulejo sobre el rótulo actual se encarga de recordar (tundidores, alfayatas, cedaceros, toquería, espartería… y un larguísimo etcétera), y que él lo ha materializado en las zapatillas y zarcillos como homenajes a la marroquinería y joyería respectivamente.

– La idea de escultura a los patios le llevaba rondando a su autor 8 años y mientras la realizaba, que le llevó unos siete meses, recibió el reconocimiento del Día de Andalucía por su dilatada carrera. Se concibió en principio para ubicarse en el acceso al castizo barrio del Alcázar Viejo, finalmente este lugar ha sido todo un acierto, porque ese marco escenográfico en una zona de paso tan estratégica le da realce a la escultura sin perder cercanía ¿Le añadirías algo –o quitarías-?

– Se trata de un conjunto escultórico: la mujer simboliza el presente y el hoy de los vecinos cuidadores de los patios, los verdaderos homenajeados, que con su trabajo todo el año son artífices de la explosión floral de estos recintos con alma, que deslumbran al mundo y son orgullo de la ciudad. Como embajadores de Córdoba les tenemos que agradecer muy especialmente el reconocimiento de nuestra Fiesta de los Patios como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la  UNESCO.

A ella se le tiene que unir el abuelo que curtido por la edad, la experiencia y el esfuerzo introdujo a su hija en la atención al patio, y el niño que representa las futuras generaciones que toman el relevo. Trasmitida de generación en generación esta arraigada manifestación cultural, tan cargada de positivos valores, está a salvo.

¿Dónde están esas esculturas que completan a nuestra protagonista? ¿Están…?

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¿Ubicación de las Esculturas?


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* JOAQUÍN PÉREZ AZAUSTRE dedicó al artista y su obra (en su columna “a cielo abierto”, publicada en Diario Córdoba, 7/Junio/2015) estas maravillosas palabras:

«las esculturas de José Manuel Belmonte son la figuración de un mundo líquido, con la ciudad invisible revelada en el relieve físico del cuerpo. Hay en la irrupción del personaje un relato interior, una especie de corriente subterránea, bajo placas tectónicas de tiempo, que de pronto se encarnan en el bronce, con ese dinamismo de las manos, en una inclinación de los cuerpos silentes que podrían contarnos una historia…”

¿Estás de acuerdo?