Hoy este confinado Día del Libro, en que las bibliotecas están cerradas y tampoco podemos escaparnos a la naturaleza, por ese doble motivo (y porque quedó en misterioso suspense desde el 19 febrero….) nos “plantamos” en este lugar de evocadora fantasía a ver qué nos cuenta.

Estamos en el acceso a la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, en pleno corazón de la judería. Más de 65 metros cuadrados que el pintor cordobés Miguel Gómez Losada transformó a finales de 2011 en el mural “Atlas Nocturna”.
Pintado al óleo sobre doble cristal, a base de combinar solo aceite de linaza y pigmento negro, tardó más de 8 meses en tenerlo listo trabajando además una parte en el propio frontal a modo de cuadro, que le ofrecía un punto de vista más cercano.

Encargada como colofón a la remodelación del edificio, para separar artísticamente – sin restar luminosidad – el corredor de la biblioteca, manteniendo el diálogo entre ambos espacios, el resultado fue esta celosía vegetal en vidrio que como dijo el autor «es una vegetación inventada. Tiene forma vegetal pero es una vibración mía”. (De ahí el cambio de nombre inicial, que era “Tierra Nueva”, porque él fue dándole espacio y rienda suelta a la obra conforme ésta le hablaba.)

«Es una pintura vivencial y biográfica, llena de recuerdos silvestres, experiencias de la naturaleza salvaje, recuerdos de la infancia, de cuando mi padre nos enseñaba las estrellas de noche. Es una pintura improvisada, como el jazz».

Hijo del también artista Marcial Gómez, Miguel reconoce que la pintura le inmuniza y es una vía de combatir el egoísmo y la falta de empatía de la sociedad a través de la belleza. Para él, un artista sereno y muy de su tierra, la naturaleza –al principio pintaba los bosques “por inercia, como un código familiar” – es una anestesia contra el dolor, “pintar un árbol es pintar un ser benévolo, que no tiene la capacidad de hacer mal… “

Impactante, ¿verdad? es solo una de las joyas que atesora esta Facultad, antiguo Hospital de Agudos.