Acertasteis identificando la cordobesa cuesta de Pero Mato, que inmortaliza en su nombre a un asesino. Se quedó emocionante la curiosa historia de esta calle que ya en si misma es curiosa. Antes de contarte como fueron las cosas, o eso creemos, hasta donde sabemos… gracias a las crónicas de la época, la paseamos desde abajo, partiendo de la plaza de Jerónimo Páez y ascendiéndola a través de anchos y cómodos escalones con arriates laterales sin dejar de admirar su bonito pavimento que combina el tradicional enchinado con grandes losas de granito rosa perfiladas a mano. La Cuesta, silenciosa, inesperada, azarosilla… está encajonada entre altos, encalados y cerrados (porque casi no hay vanos) paredones que la aíslan de los tres edificios principales que recaen a ella: conforme subes, a la izquierda, el huerto del convento carmelita de santa Ana, a la derecha, el Museo Arqueológico y seguidamente el colegio de santa Victoria cuya puerta trasera, en rincón, se ha protegido con una cancela. El último tramo serpentea, con unos dos metros de ancho, antes de desembocar en el bullicio del trasiego comercial.

Te ponemos en antecedentes: Nada queda de la casa donde sucedieron los trágicos hechos allá por 1556. Te ofrecemos el episodio de la mano del escritor José Manuel Morales tal y como lo relató en su sección del suplemento Zoco del Diario Córdoba (publicado el 16 octubre de 2016) – entre paréntesis, nos hemos permitido alguna aclaración (como toda leyenda circulan distintas variantes sobre la versión oficial), que no desmerecen la calidad del texto del investigador, solo lo enriquecen-

No pierdas detalle de sus matices, de la “intrahistoria”: ¿qué desató este asesinato pasional? fíjate en el papel que juega lo religioso, ya que en el vecino convento se refugia, – acogiéndose a sagrado – la protagonista… buscando perdón, redimir su culpa, estar a salvo…  ¿por qué crees que el autor material se libró de cumplir su condena, siendo además la justicia tan blanda con él, influyó quizá el móvil del crimen, además de su prestigio profesional, su status social y económico?? Hubo atenuantes sin duda, que le beneficiaron.

Y ¿qué te parece la “estelar” manera en la que los vecinos tomaron partido, caldeando el ambiente de tensión marital? Un derroche de sarcasmo  y sorna   para hacer saber al sr. Mato de  las infidelidades (que debían ser vox populi) de su esposa, – la pareja, dicen, es la última en enterarse…  – poniéndoselos, los cuernos,  delante de sus ojos (un extra de humillación y ridículo para él). Por si  fuera poco el detalle, también le dedicaron canciones burlonas:  el tema dio juego (como cierre, te regalamos una estrofilla…)

[su_expand more_text=»Artículo de prensa sobre Pero Mato » less_text=»Cerrar noticia» text_color=»#399156″ link_color=»#073267″]

Pedro Peramato era un afamado doctor cordobés que hacia el año 1575 firmaba los documentos oficiales como Pero Mato. Casado con la guapísima Beatriz Cano, la familia la completaban sus dos pequeñas hijas. Vivían frente al edificio que hoy ocupa el Museo Arqueológico que por entonces pertenecía a la familia aristocrática de los Páez de Castillejo. Parece que sus vidas transcurrían felizmente hasta que un mal día, uno de los hijos de este rico clan se fijó en la señora del médico. Comenzó haciéndole gestos desde la azotea, y aunque doña Beatriz procuraba ignorarlo, el creciente desinterés de su marido en ella hizo que acabara sucumbiendo a los encantos del mancebo. De manera que cada tarde, mientras Pero Mato atendía a los enfermos del hospital, el aristócrata y la mujer yacían sobre el lecho conyugal. Así lo hicieron hasta el día en que la criada delató a doña Beatriz, que no tuvo más remedio que huir de la casa y refugiarse en el cercano convento de Santa Ana para protegerse de la ira de su marido. Tras varios días de reflexión, y pensando en el bien de las niñas, don Pedro acabó permitiendo a su mujer regresar al hogar familiar, aunque fuera bajo unas estrictas medidas de vigilancia. Así, las aguas volvían a su cauce y el escándalo se iba poco a poco olvidando. Hasta que algo terrible sucedió…

Una mala mañana, cuando don Pedro salía para dirigirse a su trabajo, encontró sobre la puerta de la casa una ristra de cuernos de cabra,  una suerte de malicioso recordatorio de la paciencia con la que había elegido llevar su deshonra. El doctor fue capaz de controlarse y, muy calmado, descolgó el insidioso ‘regalo’ de la puerta, lo guardó en su salón y se marchó a trabajar.

En el hospital la jornada discurrió con normalidad y por la tarde, muy sereno el hombre, regresó e su casa. Fue entonces, al entrar por esa puerta y ver a doña Beatriz, cuando una cascada de sentimientos brotó de golpe en su interior. De forma súbita y con una gran violencia no dudó en golpearle la cara con la ristra de cuernos, y sin darle más tiempo que el necesario para encomendar su alma a Dios rodeó su cuello con la misma cuerda de las astas (* otras versiones señalan que la ahorca con una toalla) y la estranguló ante la horrorizada mirada de sus dos hijas pequeñas. La justicia no tardó en apresarlo.

Tras un juicio rápido fue condenado a muerte, pero el hecho de ser el médico de confianza de las personas más poderosas de la sociedad del momento le valió para que su pena se transmutara en sólo unos meses de cautiverio (*se le conmutó la pena capital por presidio, pero también fue indultado). Pedro Peramato continuó ejerciendo su profesión y en lugar de pasar a la historia como un asesino, nuestra ciudad le dedicó la cuesta que sube desde la plaza del Museo Arqueológico hasta la calle Ángel de Saavedra. Insólito.

[/su_expand]

Ya ves: el apellido del doctor más oportuno, imposible y además por partida doble, en cada extremo de la calle está rotulado. La coplilla popular que circuló en la época cantaba:  “Pero Mato mató a su mujer, fizolo tarde, pero fízolo bien” No comment.

……….

Menos mal que tenemos a un paso a Lucano para arreglar este disgusto. ¿encuentras su busto? cordobés insigne, sobrino de Séneca, compartió con él su misma muerte, con solo 26 años, en la capital del Imperio, truncando su prometedora carrera, víctima de la déspota ira y envidia del emperador Nerón. De la ingente producción de este historiador, escritor, poeta del s. I d.C. , que conocemos por referencia de otros autores contemporáneos o posteriores, solo ha llegado a la actualidad parte de un poema épico conocido por el nombre de una batalla que describe en él con rigor histórico, y que cambió el curso de la Historia, ¿sabes donde tuvo lugar en el 48 a.C., y a qué dos políticos enfrentó?

¿Le cambiamos el nombre a esta calle estigmatizada por la violencia? ¿buscamos uno más amable que le ayude a pasar página? Qué tal calle cavea? es literal desde luego, ya sabes que esta cuesta está  pisando, y los peldaños parecen recordarlo, fosilizándolo, el graderío (y cavea es su nombre en latín) del teatro de Colonia Patricia, construido en época de Augusto (S.I d.C.), con 125 metros de diámetro, fue uno de los mayores de todo el Imperio romano.

Para tragicomedia la que acabamos de relatar….¡de película! y por desgracia, tan real y atemporal como la vida misma.