Tomás Egea: Arte en el Museo y en la calle.

 

Ahí va en imágenes solo un aperitivo de lo que encontrarás hasta agosto en “TOMÁS EGEA. 1933-2018”, exposición retrospectiva – más que homenaje, esa palabra no le habría gustado a su autor -, hecha por él y para él, ya que participó activamente en la selección de obras, aunque no llegó a verla (pues murió en enero pasado, cuatro meses antes de su inauguración). No te la pierdas, y si puedes realizar la visita guiada, aun será más provechosa. Recomendable 100%, ahí van algunas razones:

Descubrirás en ella por qué es un artista genial, que desde pequeño ya apuntaba maneras derrochando habilidad con la tiza en sus atinados y desenvueltos trazos, impresionando a profesores y compañeros del colegio, lo que le acabó llevando a aparcar pronto sus estudios de medicina para dedicarse de lleno a su verdadera vocación. El recorrido por su evolución creativa arranca sobre lienzo – como por ejemplo el de la llamativa “Gran Beata” impregnado ya de crítica social -, y se detiene en el cómic, que tanto le fascinaba, ya que desde niño fue su refugio, su terapia para sobrellevar los estragos de la Guerra Civil, el ruido y la crudeza de los bombardeos que vivió directamente. Los tebeos y cómics, leerlos – y crearlos después- fueron su vehículo de evasión por la vía del color, el humor, el desenfado simpático. Le salvaron y le acompañarán siempre.

Comprobarás hasta qué punto “el arte” solo tenía sentido para él sacándolo de los museos a la calle, haciéndolo cotidiano, cercano, útil socialmente, nunca encerrado, ni elitista. Lo materializó, aquí tienes buena prueba – aunque esta muestra es solo un “asomarse” a todo lo que produjo –  en numerosos edificios (entidades bancarias, hoteles, farmacias, tiendas, iglesias, viviendas particulares, etc.) tanto en la capital cordobesa como en otros puntos de nuestro país -, donde en el mejor de los casos lucen intactos, o bien han sido desmontados y trasladados a nuevo emplazamiento, como el caso de su creación para el extinto Banco Coca, en la avenida de Ronda de los Tejares, que hoy luce en el Campus de Rabanales. Otros habrán desaparecido, por desgracia, del todo, salvo por el recuerdo fotográfico. ¡Está mucho más presente en la ciudad de lo imaginas!

Porque Tomas Egea fue un artista humilde, sin vanidad ni afán de repercusión mediática, y a la vez tremendamente prolífico: se atrevió, en continuo afán de enriquecimiento, de desafiar sus límites y explorar sus capacidades, con las más variadas técnicas y campos de expresión.

Echamos en falta que exista una base de datos de consulta online que catalogue su producción artística urbana cordobesa (contando con la ayuda de los expertos en Egea y su familia que se ha volcado, agradecida y toda disponibilidad, aportando datos y material) y la ubique en nuestro callejero y siguiendo, por ejemplo, un formato de ficha técnica contenga la descripción de cada obra con datos de interés como técnica, temática, cronología, accesibilidad, estado de conservación, curiosidades etc. Sería punto de partida para visibilizar y dinamizar su legado, reivindicarlo más potente y permanentemente dando pie a organizar rutas temáticas, talleres plásticos, etc. Aquí queda dicho. Esta sugerencia podría crecer y extenderse a su obra a nivel nacional y al resto de ámbitos de su universo creativo.

Aquí te incluimos, como ejemplo, imágenes de su mural para la antigua facultad de Veterinaria de Córdoba, que fue una de las más prestigiosas de España, bello edificio regionalista, actual Rectorado; concretamente está en su restaurante: fíjate qué didáctica y original presentación, en extensión, hace Egea – ¿encuentras en él el año de ejecución y su firma? – de la trayectoria histórica del edificio, sus características decorativas, sus promotores, su singular arquitectura, tanto en planta como alzado,  intercalado con dibujos que “diseccionan” la anatomía del perro, la vaca, el cerdo, el caballo… y ¿Cuál falta? como recuerdo de los estudios académicos que aquí se impartían, con los animales como protagonistas, ¿cuando dejó de ser sede de esta facultad? y ¿el busto de qué arabista está en sus jardines exteriores, ¿sabes por qué? También “incluye” en esta panorámica gráfica el edificio de espectáculos de la Córdoba romana que descansa aquí debajo, a varios metros de profundidad – y en las inmediaciones, porque era de colosales dimensiones -. Descubierto parcialmente, a nivel de cimentación, muy arrasado, está a la luz, (solo testimonialmente, en deplorable estado, abandonado, “ilegible” …. olvidado por las Instituciones, carente de ningún proyecto de puesta en valor…) lindante con los jardines Juan Carlos I, justo en la trasera a la fachada principal del Rectorado, “machacado” también al construir sobre él el espacioso salón de actos del Rectorado. ¿De qué edificio se trata? Egea te lo escribe, acompañado de un tal ACTIUS que… para conocerlo mejor tendrás que ir a nuestro Museo Arqueológico – al área donde están expuestos los epígrafes funerarios de época romana –, allí está la respuesta de quien es y su relación con este enclave y barrio.

Y sumérgete en la muestra sobre todo en su faceta de ilustrador, quizá la más conocida. Recibió numerosos encargos, además de los dibujos que hizo por gusto, por iniciativa propia: busca el mensaje que subyace en cada uno de ellos, si no se te escapará el verdadero significado con el que los concibió: en tono jocoso o sarcástico, revestido de humor inteligente y valiente, también sutil, pone sobre la mesa con agudo ingenio las preocupaciones sociales de su tiempo (¿seguirán vigentes?): los deshumanizadores efectos de la especulación urbanística y de la sociedad de consumo, la crítica el franquismo, las desigualdades sociales en clave rural, presentadas desde el contrapuesto punto de vista del campesino y del terrateniente… También fue firme su defensa de los valores de la democracia y verás la paloma, el gran símbolo para Egea, “sobrevolando” incluso la sala de exposición: encarna para él la libertad que debe guiar a todos los pueblos y nuestra convivencia, la paz, el respeto de los derechos humanos, la solidaridad. ¿cuantas veces la encuentras? 

No pases de largo -al llegar o como despedida- por las palabras que le dedica el comisario de la muestra, y gran amigo suyo en la entrada de la sala de exposición.

… y hablando de sacar el arte a la calle, algo rezagada pero imponente junto a la verja de acceso a la sede de la exposición, Vimcorsa (Viviendas Municipales de Córdoba), antes Casa Carbonell, y antes aún casa natal de Ángel de Saavedra, el duque de Rivas, – de ahí el nombre de esta calle -, está la escultura de la diosa romana del Amor, Afrodita agachada, ¿te acuerdas de ella?, ya la conocimos al hablar de los baños andalusíes de la calle Cara, donde apareció la original que se exhibe en el Museo Arqueológico. Ésta es una copia, ¿en qué material, escayola? ¿y por qué está precisamente aquí?, no lo sabemos, ningún panel nos informa. No es la única gran escultura clásica cordobesa que está exhibida, en copia, en algún rincón de nuestro casco histórico, Patrimonio de la Humanidad…. ejemplo cercano -en la calle Gondomar, concretamente en el hall de la actual Delegación de Hacienda y Agencia Tributaria de la Junta de Andalucía – es el magnífico toracato (el original, en mármol blanco, fechado en época del emperador Claudio, mediados s. I d.C., y descubierto en 1892 en la vecina calle Morería, está en nuestro Museo Arqueológico también, eso sí, no expuesto actualmente): ¿cómo sería la estatua original, de dimensiones colosales, teniendo en cuanto que solo se conserva su torso y tiene 1,90 m. de altura? ¿cuándo se realizó y para qué lugar? ¿sabemos quien era este personaje y por qué se puede identificar?, ¿existen ejemplos paralelos con quien compararlo?  ¿qué está representado en la fina labra de su coraza?, ¿cómo iría policromado? Investiga en la web arqueocordoba, porque es una pieza bien analizada por el Dpto. de Arqueología de nuestra Universidad, fuente fiable donde las haya.

No estaría de más, a su lado, otro panel explicativo – más allá de la esquemática cartela de su base -, que contestando esos y otros muchos interrogantes, ayude a entender la dimensión, no solo física, que esta escultura tiene para tomar conciencia de su calidad excepcional.

Por último, echa un vistazo al moderno edificio donde está. Es interesante: se construyó (éste y el contiguo) sobre el solar del antiguo palacio de los marqueses del Boil. De lo que poco que sabemos de este linaje (como ocurre con tantas familias nobiliarias de la que fue una de las ciudades más nobles de España por la antigüedad, cantidad y riqueza de sus linajes) es que los Boil, de origen valenciano, llegan a Córdoba en la segunda mitad del s. XVIII, emparentan con nobleza de nuevo cuño y ocupan algún cargo público. A finales del s. XVIII construyen la hacienda la Colorá (Montoro). El palacio que hacia finales del s. XIX, además de ser Casa de la familia titular, también fue utilizado como Casino Militar, – donde Julio Romero de Torres dejó dos cuadros, como mínimo – fue demolido en los años 70, construyéndose en su lugar los almacenes Woolworth, y una vez cerrados en los 80, Zara se hizo con el inmueble, hasta hoy.

¡Algo si se salvó del palacio desaparecido! Observa, la portada noble original ¿ves en ella el escudo y la fecha? ha quedado retranqueada, escondida, porque la acera edificada de este lado de la calle Gondomar está más adelantada que entonces. La acertada pantalla acristalada que cierra exteriormente el edificio moderno de Hacienda ha resuelto armónicamente la diferencia de líneas de fachadas de ayer y hoy, creando a la vez un recibidor transparente (tanto como confiamos que sea la gestión de este organismo público, de puertas adentro), luminoso, limpio y vigilado por nuestro Toracato ¡de categoría!

¿Quieres visitarlos? ¡No te preocupes! Te ayudamos a encontrar todos estos monumentos.

 

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