MURAL PARQUE WANGARI MAATHAI – ART 1 DCHOS HUMANOS

 

MURAL PARQUE WANGARI MAATHAI – ART 1 DCHOS HUMANOS

Ubicado en la plaza Wangari Maathai de nuestra ciudad, fue realizado en el 2012 en el marco del proyecto titulado “Embellecemos nuestro barrio, conocemos nuestra cultura” con el que la asociación vecinal “Colonia de la Paz-Noreña” canalizó su deseo de mejorar, con la ayuda del talento de artistas jóvenes cordobeses, la imagen de los muros del entorno que rodean la Estación de AVE y las proximidades del yacimiento de Cercadilla.

Fue posible gracias a una subvención concedida a esta Asociación dentro de las convocatorias llevadas a cabo por la Delegación de Participación Ciudadana del Ayuntamiento. A partir de ahí este colectivo ciudadano firmó convenio con la Escuela de Artes y Oficios Mateo Inurria para que lo realizaran alumnos del último curso de Arte.

El proyecto, abierto y plural, abarcó una serie de actividades y se marcó como objetivos principales el fomento del uso de la calle como lugar de encuentro participativo, la difusión de la importancia y el respeto de los Derechos Humanos en la sociedad actual a través del conocimiento de un artículo tan importante como es el 1º de la Declaración de los Derechos Humanos, promover la relación intergeneracional entre los vecinos de esta barriada, acercar el ocio alternativo a su población y motivar que estrechen lazos con la asociación vecinal y la labor que desempeña como espacio social y cultural.

Nos fijamos en él: la temática del mural titulado “ARTÍCULO UNO DE LA DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS” además de recordárnoslo por escrito, aborda la realidad y la diversidad cultural de los pueblos del mundo, integrando enriquecedoramente raza, género, edad o religión. Hay otros dos murales, estos realizados en colaboración con la Universidad de Córdoba, uno de ellos está justo detrás de éste y otro al otro lado del puente que salva las vías del tren, referidos a dos científicos poco reconocidos aunque hicieron una gran labor humanitaria (¿de quienes se trata? ¿los localizas?).

Un proyecto que no se llegó a terminar en esta área urbana – por trámites con los vecinos propietarios de algunas de las viviendas afectadas, entre otras razones – fue pintar las fachadas de las casas que dan a la Avenida Vía Augusta frente al yacimiento arqueológico de Cercadilla con temas referidos al mismo. Falta hace visibilizar este enclave arqueológico al exterior con este tipo de acciones artísticas, – no en vano lo que el complejo arqueológico de Cercadilla fue, en su amplia secuencia estratigráfica, irradia y aflora en numerosos puntos, algunos escondidos, de este barrio – pero no es suficiente. Este yacimiento excepcional y céntrico, un unicum, irreversiblemente mutilado con la construcción de la estación AVE, maltratado por el progreso, la especulación del suelo e intereses políticos, paradójicamente, es de primer nivel para entender la historia de Córdoba. Cerrado ahora al público, pide a gritos una adecuada puesta en valor. El panel explicativo a la entrada del yacimiento (junto a los aparcamientos de la estación AVE, paralelo a la playa de vías) ofrece una acertada síntesis como visión de conjunto que necesita ser ampliada visitando el centro de interpretación en el interior para pasar después a recorrer (y poder comprender) los vestigios ¡todavía! conservados.

Tampoco podemos pasar por alto a la gran protagonista del parque Wangari Maathai (Nyeri, 1940- Nairobi, 2011). No dejes de indagar en la biografía y el legado de quien da nombre a este lugar donde nos encontramos, porque nos parece que no puede estar mejor elegido para acoger este mural: fue una de las primeras mujeres de África occidental con una cátedra universitaria, con un doctorado en Biología. Su ejemplo de vida, su activo compromiso político, por ejemplo, luchando contra la deforestación, defendiendo la supresión de la deuda externa del tercer mundo, solidarizándose con las madres de presos políticos bajo el régimen dictatorial de Daniel Arap Moi en Kenia, o en 1977 fundando el movimiento “Cinturón Verde”, uno de los más importantes a nivel internacional, a través del que se plantaron veinte millones de árboles en Kenia, (casi todos ellos con manos de mujeres) le valieron recibir, en 2004, el Premio Nobel. El comité Nobel de Oslo la definió como una fuerza de la naturaleza que movilizó a las comunidades para debatir sobre conservación y el desarrollo sostenible que “abraza la democracia, los derechos humanos y en particular los derechos de la mujer”, un “icono del movimiento medioambiental“, destacando de ella su admirable determinación por un mundo más pacífico, más sano y un lugar mejor”.

Para terminar os dejamos algunas de sus reflexiones, todo un regalo para interiorizarlas y llevarlas a la práctica.

“Todos tenemos un Dios dentro y ese Dios es el espíritu que une toda la vida, todo lo que está sobre el planeta. Debe ser esta voz la que dice que haga algo y estoy segura que es la misma voz que le habla a todos los que están en este planeta, al menos a todos los que parecen estar preocupados sobre el destino del mundo”

“Podemos trabajar juntos con los hombres y mujeres de buena voluntad, esos que irradian la bondad intrínseca de la humanidad. Para hacerlo efectivamente, el mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir -más que instituciones religiosas y dogmas-, y sostengan la dimensión no material de la humanidad”

“Hasta que caves un agujero, plantes un árbol, lo riegues y lo hagas sobrevivir, no has hecho nada. Sólo estás hablando”

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