MURAL CRUZ RASTRO

 

Este expresivo mural no nos ha dejado indiferentes: una original carta de presentación, un sugerente acercamiento a Córdoba y quienes la habitamos, es un pedacito de nuestro universo vivencial. Como una filigrana que entrelaza artísticamente palabras e imágenes, nos ofrece un variado recorrido visual por algunas de las claves  de la cultura cordobesa más cotidiana, arraigada y ¿auténtica?

Como este apretado  y asequible muestrario de reclamos tan nuestros  carece, que sepamos,  de rigor académico o aval científico que lo respalde, ni tampoco conocemos los verdaderos objetivos de su desconocido autor ( ¿o son varios, está por ahí la firma??) nos preguntamos:  ¿te parece que ha conseguido capturar en su creación artística (si es lo que pretende) el “espíritu” de lo cordobés, ¡que se dice pronto!¿o solo de lo más castizo, espontáneo, ocioso, cómico, desenfadado, de nuestra idiosincrasia, sin mayores pretensiones… como un aluvión de estereotipos dejados caer… o este mural tan concurrido quiere “removernos” y llevarnos a alguna parte? tú decides. ¿Te sientes reflejado en él como cordobés?  Crees que nos hace justicia o ha quedado desenfocado? ¿Qué título le pondrías?

Nos parece que se presta a la polémica – bienvenida sea- : nos invita a revisar nuestra relación de amor – odio con la ciudad, a mirarla de frente (en lo bueno y en lo malo) y nos da pie a sentir orgullo patrio pero también hacer un poco de sana autocrítica: sin recrearnos ni hacer alarde de aquellas expresiones sobre los cordobeses- que son unas cuantas, y menos mal, no han encontrado cabida aquí -,  que no nos favorecen precisamente, nosotros aportamos a la pizarra ésta:

“Córdoba casa de guerrera gente, y de sabiduría clara fuente” poderoso “slogan” que rodea el ESCUDO de Córdoba en la fachada del ayuntamiento (en la foto). Podemos encontrarlo, también en latín, en otros rincones de la ciudad, – y en  soportes comerciales –  para que lo tengamos bien presente y ruede… ¡falta nos hace!

Como la vida misma: Nos gusta que el/los  autor/es haya mezclado  en este horror vacui en blanco y rojo, compartiendo escenario, dándose amigablemente la mano (eso si, con una jerarquía de tamaño, donde ha dado más protagonismo y peso visual a unos iconos sobre otros) en forma de dibujos o palabras, tanto nombres propios, – a saber -, como palabras o expresiones 100% cordobesas (el tan nuestro pego no podía faltar, o pisco) otras de más amplio calado andaluz (illo, mi mare, postureo), otras trasladadas del lenguaje del móvil o tal y como son pronunciadas popularmente, lugares (sus calles, mezquita), otras relativas al ocio (feria, mayo), la gastronomía (salmorejo, por supuesto) y algún código oculto que se nos escapará como espectadores. Una clasificación siempre incompleta. Cada elemento, con lo que implica, es un símbolo, que en definitiva, nos despierta  EMOCIONES. ¿Con qué icono te quedas? ¿cual echas en falta? alguno “te sobra”?

Este puzzle no tiene desperdicio. Algunos curiosos observadores han apuntado que este maremagnum de mural tiene un aire de cómic, otra colaboradora ha sugerido un audaz paralelismo que nos encaja bien y nos es “familiar”: que su diseño le sugiere una coctelera donde están fusionándose muchos y variados ingredientes, trasladando así la imagen de nuestra Córdoba como, precisamente, crisol de acogida y convivencia de la rica diversidad de culturas a lo largo de su tan fecunda trayectoria histórica, lo que le ha valido ser reconocida Patrimonio de la Humanidad,  y que nos ha hecho como somos, nos define como pueblo.

El artista ha elegido un sitio donde su simpático escaparate se iba a vender solo: en un solar de vistoso potencial, que hace esquina estratégica entre la calle la feria y el paseo de la ribera, una ribera que Manuel Fernández en Amar Córdoba llama “el corazón portuario”, por la impronta licenciosa, golfa y atiborrada de pueblo propias de la cercanía del mar, aunque en este caso es a un gran río. Atención: nos parece que esos adjetivos se los ha aplicado este muro “panorámica de lo cordobés”  bañada por el Guadalquivir – que en Junio atraerá el estreno del festival RioMundi – es decir,  que ha sabido “empaparse” de la arrolladora personalidad de este barrio donde tradicionalmente ha reinado la picaresca, el desparpajo, el dinamismo, el talante abierto, la alegría, la efervescencia, el bullicio. Este collage hace suyas e irradia esas características, ¿no crees?.

Queda con esta iniciativa- por efímera que vaya a ser- revitalizado este solar, hoy por definir, que en el s. XIII ocupó el hospital de la Lámpara, después de san Cristóbal, de la Magdalena en el s. XVI, y sobre éste, en el s. XVIII se construyó el hospital del Amparo del que queda en pie su ESPADAÑA (¿la ves?) , el AZULEJO que recuerda el edificio que fue, así como un LIENZO creemos que era una Anunciación, bendiciendo su antigua entrada, ahora retirado, -confiamos que provisionalmente para una merecida limpieza y así podremos pronto salir de dudas -. Llegarás a ella subiendo la calle y girando por  Cardenal González, enfilando arquillo de Calceteros –solo queda de él el nombre, allí donde estuvo -, la calle Amparo no tiene pérdida, enseguida.

Por cierto, el espacio al que se abría en su día la ermita, hoy una placita de suelo enchinado y fuente central, está dedicada al pintor cordobés CARLOS GONZÁLEZ RIPOLL (1919-2012) ¡qué casualidad!: amante de su  tierra, fue uno de sus más entregados cronistas plásticos. Con su inconfundible estilo naif y su tan amena pintura costumbrista, nunca encorsetada, rica en matices y a la vez sencilla, que huía del tópico y evitaba el folclorismo, poblada de rostros humanos… inmortalizó con nostalgia y amable humor estampas de una Córdoba viva, pero que ya no existe, un paisaje humano y urbano irrecuperable que evocaba como un feliz e ingenuo sueño de niñez.

He aquí como interpretó en 1987, precisamente, este rinconcito que hoy lleva su nombre (en Córdoba y su gente. Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. 1989). Consigue dibujar en el espectador una sonrisa, ¿a que sí?

nos situamos junto al mural, enfrente de él, queremos recordar dos episodios de la crónica negra de la ciudad, que ocurrieron aquí: el más reciente, el 26 de abril de 1964 cuando el autobús de Aucorsa, cuando aun no era empresa municipal, que llevaba aficionados al estadio de el Arcángel a ver al Córdoba – Levante cayó al agua. Murieron entre 11 y 13 pasajeros (esta cifra varía según las fuentes) y solo hubo, eso si, dos supervivientes. En la prensa local puedes hacer indagación periodística: quienes y cómo lograron salvarse, las causas oficiales del accidente, a pesar de que en aquellos años no se abrió la debida comisión de investigación, qué ilustres personalidades españolas asistieron al multitudinario funeral y donde se ofició.  El otro, el jueves santo de 1453, una oleada de xenofobia terminó en una sangrienta revuelta (una de los mayores registrada en Córdoba) contra los judíos  conversos,  fue el llamado “episodio de la Cruz del rastro”. En memoria de estos nefastos hechos, que merecen ser recordados para que no se repitan, la hermandad de la Caridad co­locó una placa de mármol en el patio de la vecina parroquia San Francis­co y los herreros una CRUZ DE HIERRO en este lugar, ¿la ves? – la actual es moderna, labrada en 1927 por el forjador José Álvarez Salas – ¿y por qué en este lugar?… Debe conocerse lo que pasó, te invitamos a que te respondas a qué desató esta violencia, quienes fueron los protagonistas (los herreros, una niña, la hermandad de la Caridad, la nobleza local, etc) y qué papel jugó cada uno, los escenarios del conflicto, así como el desenlace, cómo se logró sofocar y resolver.

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