Miguel del Moral

 

MIGUEL DEL MORAL GOMEZ (1917- 1998)

Convencidos de que el Ayuntamiento le va a honrar como merece, aunque ya será fuera de plazo, te ofrecemos unas pinceladas que nos acercan a su biografía y legado como artista, lo hacemos a través del reportaje publicado en el ABC que adjuntamos, siguiendo el artículo que Matilde Cabello le dedicó en su sección Cordobeses en la Historia para el Día de Córdoba (y que te resumimos a continuación) y con la ayuda de la profesora de nuestra UCO, Ana Melendo que también lo ha estudiado – “La poética de Miguel del Moral”, en la revista Pandora , nº 10 (2013) – y nos ha querido hacer un acercamiento a él en 10 claves. Un panorama que nos sirve para alentarnos a sumergirnos más en su obra y genial contribución.

Nacido en la plaza de san Miguel en 1917, fue el mediano de tres hermanos. Tras estudiar en los salesianos, ingresa en la Escuela de Artes y Oficios hoy llamada “Dionisio Ortiz” en la calle Agustín Moreno de Córdoba. En sus años adolescentes tiene como amigos a los Romero de Torres y empieza a tratar a artistas –pintores, poetas, etc- importantes de esa época, y a aprender de ellos.  Su sobrenombre de “El Zurbarán cordobés” se lo gana en los años 30. ¿Será por la admiración que sentía por el artista barroco, que tanto le inspiró, – no fue el único, también Goya, Vázquez Díaz -,  y a quien supo reinterpretar en sus creaciones?. En su obra está la respuesta.

Tras la guerra civil donde combatió en el Frente de Extremadura, vuelve a su ciudad en 1947. Conoce a los jóvenes creadores de Cántico y se compromete con los ideales de este grupo desde el primer número de la revista hasta 1949 y en la segunda etapa ilustrando sus hojas de poesía con sus singulares dibujos lineales, escuetos, contenidos pero cargados de fuerza. También se atrevió, con éxito, con la escultura y la cerámica.

En Madrid, además de completar su formación en Círculo de Bellas Artes se afianzó como ilustrador colaborando, entre otras publicaciones con “El Español” y la “Estafeta Literaria”, se apasiona por los clásicos de los museos de Madrid, sobre todo el Museo de Prado, y obtiene en la capital dos premios: el del Círculo de Bellas Artes y el de la exposición Hispanoamericana de arte taurino en 1951. Tras viajar a Paris en  1952,  vuelve a Córdoba al año siguiente y expone en su ciudad natal por primera vez.

Además de su cotizada trayectoria como retratista de la sociedad cordobesa de la época, es obligado destacar su trabajo para la Diputación, como autor del óleo Teólogos, con el que ganó en 1954 el Primer Premio de la Diputación  y como restaurador de algunas piezas del patrimonio de la Institución provincial. Entre los años 50 y 60 colaboró con el arquitecto Rafael de la Hoz en la restauración de la capilla de san Bartolomé, así como en la decoración de la sede de la Cámara de Comercio y la vidriera de la iglesia de las Salesas. También es fundamental vincularlo a la fundación de una hermandad cordobesa, dando su sello tanto a la imagen de su titular como diseñando algunos de sus enseres. ¿Cual?

En 1955 otro enriquecedor viaje, que le dejó huella, cómo no, le llevó a Italia – le impresionó sobre todo Venecia – con estancias en Austria, Yugoslavia y Hungría.

De regreso a Córdoba se instala en pleno corazón de la judería, en la curiosa calleja de la Hoguera (¿la has recorrido?) puedes acceder por las calles Deanes o Céspedes, ya que su laberíntico trazado las conecta. De ella el poeta Ricardo Molina dijo que tiene “sabor a viejo patio… uno de los lugares más íntimos y secretos de la ciudad. Su sencillez es absoluta… es como una inmaculada hoguera de blancura”. Ahí se abre la plaza que el Ayuntamiento le dedicó, una ubicación muy oportuna por familiar y cotidiana para el artista. En esta “su” calle otro elemento es muy llamativo: en la esquina de la fachada de su estudio colocó una columna que reza: “SOY DE DOM LUIS DE GONGORA ANNO DNI 1627” (ver foto) que del Moral (que amaba su ciudad pero también le dolía y aprovechaba sus paseos para denunciar los atentados al patrimonio histórico artístico cordobés – sensibilizado como estaba con las atrocidades visuales de cableados, la invasión de tenderetes, demoliciones, desmanes arquitectónicos, etc -) salvó de las plaza de las Bulas, entorno donde nació el célebre Luis de Góngora e inmortalizó con un tono ágilmente alegre y feliz, años después, en su letrilla Hermana Marica (1580) recordándola como escenario de sus juegos infantiles.

En 1997 del Moral celebró su cuarta -y última – exposición en su ciudad, porque murió el 29 de abril de 1998, con 82 años recién cumplidos.

Puedes asomarte por la ventanuca de su estudio, si está abierta, y adentrarte discretamente desde la angosta calle de la Hoguera, antes Quero, en ese universo tan artístico como personal que era su santuario ya que se mantiene, gracias al celo de su sobrina,  como museo extraoficial. Es privado y no visitable.

Dado que la mayor parte de su sus trabajos están en manos privadas, sería magnífico poder abrir las puertas –aunque fuera puntualmente, solo en fechas señaladas – de este inspirador lugar tan significativo para conocerle a él, que atesora piezas, enseres, obras… que le acompañaron hasta el final de sus días y eran importantes para él.  Ojalá.

VFdM

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